VIDA EN COMUNIDAD

“Asimismo, si en la tierra dos de ustedes unen sus voces para pedir cualquier cosa, estén seguros que mi Padre Celestial se la dará. Pues donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, ahí estoy yo en medio de ellos”. Mt 18, 19-20

El Señor nos ha dado el regalo de poder compartir momentos de intimidad, de permitirnos estar en su corazón, para alabarle, adorarle o simplemente para estar en su presencia; pero no solos, sino en compañía de hermanos en la fe, hermanos en el amor, en otras palabras “Con amigos de Dios”, con amigos que aman a Dios y que intentan agradarle.

La oración personal, los sacramentos, leer la palabra de Dios, etc., son importantísimos en nuestro camino de fe, pero también es importante y necesaria la vida en comunidad (Hc 2,42). Para alimentarnos, crecer en el amor, purificarnos; porque es en comunidad donde aprendemos a amar y a respetar al hermano, a comprenderlo, es donde se pulen las aristas de nuestro corazón: actitudes, gestos, acciones, etc. y es que al llenarnos del amor de Dios, vamos a poder llevar en él a nuestros hermanos. Y también a darnos cuenta de la realidad, de nuestra imperfección.

Particularmente al reunirme cada semana con ellos, o mejor dicho, cada semana que Dios nos reúne en comunidad, se llena de alegría mi corazón al ver como la palabra de Dios se hace vivencia y realidad en nuestras vidas, en un mismo espíritu y en compañía de María.

"Todos perseveraban en la oración y con un mismo espíritu, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús y sus hermanos”. (Hc 1, 14)

Miguel Quiñones.
Salmo 108,2