Detrás del Teclado

Cada concierto resulta ser una experiencia nueva y vivificadora tanto para quienes los reciben como para quienes lo dan.  Recuerdo que cuando me preparaba para mi confirmación, tuve la gran bendición de asistir a un concierto de Luis Enrique Ascoy.  Al finalizar, mis amigos y quien les habla nos sentíamos fortalecidos y más convencidos de aquello que nos compartían nuestros catequistas.  Fue mucho bien lo que recibimos de aquél tipo de música.  En aquél concierto también cantó mi queridísimo “fratello” Miguel, pero en ese entonces el Señor todavía lo andaba enamorando para que se decidiera a evangelizar con la música. Estos dos momentos, muy distintos para cada uno, confluyeron en un solo sentir que solo entenderíamos (por lo menos yo) más tarde: Dios escribía en nuestros corazones lo que Él puede hacer con tan bello don: la música.

En estas humildes líneas queremos compartir en un tono cálido y familiar lo que Dios obra en los corazones de sus hijos.  Quizá se pierda mucho lo real del fluir de Dios con palabras, pero simplemente sienta y permita cómo Él mismo se encarga de contarle, con lujo de detalles, lo que nuestra limitación omite.  Ésa es la idea…   

Un amigo de peso…

Tenemos amistad con Martín Portugal (músico católico) desde hace un tiempo y la verdad que compartir momentos con él, sobre todo al comer, ¡je!, resulta una experiencia muy alegre.  Cuando lo conocí recuerdo que me transmitía mucha vida y espontaneidad.  Son de las personas que te sacan un chiste hasta en el momento más tenso y hace reír a todos. Es un gran amigo y un músico de peso…(jijiji)

El Señor nos junto la noche del 22 de septiembre en un concierto en la que el Espíritu, para variar, hizo de las suyas.  Estaba planeado realizar el concierto en el atrio de la parroquia (Nuestra Señora de la Evangelización), PERO el Señor nos hizo una jugadita con el clima… llovió.  Con el cambio de planes, terminamos cantando dentro del templo y esto permitió un clima muy intenso.  Martín nos propuso subir juntos y turnar temas, ¡genial!  Casi finalizando el concierto cantamos y oramos pidiendo por los sacerdotes, especialmente por el párroco (Padre Francisco Chávarry), quién se sintió muy tocado y se animó a contarnos un poco de su historia acerca de su vocación sacerdotal.  Todos quedamos muy llenos y agradecidos por su testimonio.

Con todo, aprendimos cuánto uno debe pedir por su sacerdote, por su santidad y por la fortaleza en su ministerio,  además de dar gracias a Dios por el servicio y entrega de estos hombres de Dios que se mueven y crecen en el AMOR.

Daygoro Grados.
Salmo 108,2