| Padre Nuestro que estás en la UNI |
Tuvimos la dicha de que nos invitaran a un concierto en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) hace unos días. Aquí van unas palabras en las que contaremos esta interesante experiencia.
Nos dirigimos al concierto en el Effeta-Móvil…jeje (para mayor información visitar la reseña "Vamos a la Uni"). Estábamos muy tranquilos porque no teníamos problemas con la hora, y como jugando le digo a Daygoro: “Es muy temprano para llegar, qué sería que nos pasemos de largo, jaja” ¿Jaja?
La UNI tiene muchas puertas y debíamos entrar por la puerta 5, pero esta bendita boca mía:
Puerta 7, …puerta 6 …
“Oye esta no tiene número, mmm, avancemos”
Y….
PUERTA 4!!!
Y ahora, ¿quién podrá defendernos?...perdón, ¿y ahora cómo regresamos?
No podíamos doblar en U, nos metimos por unas callecitas, llamamos a los organizadores para que nos auxilien pero pedimos auxilio juntos, jeje. Pedimos a nuestros angelitos para que nos echen una mano y después de tanto izquierda-derecha, derecha-izquierda, ¡LLEGAMOS!
Nos dirigimos al coliseo, donde se iba a realizar el evento, y nos dimos con la grata sorpresa que había una asistencia considerable: aproximadamente unas 400 personas (para ser la primera vez que se realizaba un concierto claramente evangelizador en una universidad nacional para ingenieros, valga la redundancia, además de químicos, físicos y matemáticos, es de verdad alentador).
Iniciaron el concierto unos chicos del grupo organizador quienes sonaban muy bien…(¡qué buen registro hermano!). Luego, continuamos nosotros. La gente estaba muy enchufada; era una fiesta y, entre anécdotas, reflexiones y dinámicas, el tiempo voló. Acto seguido, subió al escenario, nuestro amigo y tremendo músico católico (y dinosaurio, como él mismo comenta J) Luis Enrique Ascoy.
Como nota curiosa, nos estábamos despidiendo para dar pase a Luis Enrique y escucho una voz que me decía “¡Sigan!, ¡todavía no terminen!” Ojo, no vayan a creer que era una voz interior, la de Dios o una tentación o una fan el que me hablaba, era nuestro buen amigo Jairo Pasache, de la banda Sin Futuro (que dicho sea de paso estaban estrenando nuevos instrumentos, ¡felicitaciones!). Quería que le demos 10 minutos más para que se acomoden.
Es muy gratificante compartir escenario, detrás de escenario, etc con amigos en la fe, y que además son compañeros de batalla en esta locura de evangelización a través de la música. Mi admiración y respeto a todos ellos, a los organizadores y a todas las personas que pusieron su granito de arena para la construcción del Reino y mayor Gloria de Dios.
Miguel Quiñones.
Salmo 108,2